Al partir... un vaso y una flor...
Se conocieron una tarde cualquiera en Telejuane Café Gastrobar.
No fue una cita planeada. Fue un cruce casual: ella esperando un jugo, él pidiendo un café. Una mesa compartida por falta de espacio y una conversación que empezó con cortesía y terminó en risas.
Durante meses, ese lugar fue su refugio. Siempre la misma mesa. Siempre un pequeño ritual: un vaso al centro y una flor que él colocaba, casi como broma romántica. Decían que cuando su historia tuviera problemas, volverían allí para recordar cómo empezó todo.
Pero los problemas llegaron.
El trabajo, los celos, las inseguridades. Las palabras que no se dijeron a tiempo se volvieron distancia. Una noche, en ese mismo restaurante, discutieron fuerte. La música de fondo era una canción de Nino Bravo: “Al partir, un beso y una flor…”
La letra parecía burlarse de ellos.
No hubo beso.
La flor quedó olvidada sobre la mesa.
El vaso quedó a medias.
Se separaron.
Pasó el tiempo. Cada uno intentó seguir adelante. Pero cada vez que escuchaban aquella canción, algo dolía distinto. No era rabia. Era nostalgia. Era la sensación de haber dejado algo inconcluso.
Un año después, casi por coincidencia —o por destino— volvieron al mismo lugar el mismo día. No sabían que el otro iría. Solo sabían que necesitaban cerrar un ciclo.
Cuando sus miradas se encontraron, no hubo reproches. Solo silencio… y memoria.
La foto en la pared mostraba lo que parecía un símbolo: “un vaso y una flor”. Ya no como despedida, sino como recordatorio.
Un vaso: lo que se comparte.
Una flor: lo que se cuida.
Se sentaron. Hablaron como no lo habían hecho antes. Admitieron errores. Reconocieron miedos. Comprendieron que el amor no muere por falta de sentimiento, sino por falta de comunicación.
Pidieron dos cafés.
Él, casi temblando, colocó una flor sobre la mesa.
Ella levantó el vaso.
Y esta vez sí hubo beso.
La canción volvió a sonar, pero ya no era una despedida. Era una reconciliación. Porque a veces hay que perder para entender. A veces hay que partir para saber regresar.
En Telejuane no solo comenzó su historia.
También aprendieron que el amor, si se corrige con humildad y se riega con paciencia, puede florecer otra vez. 🌹
